Comunicación social y cooperativa: Una experiencia en Argentina

Es difícil de explicar cuáles son los beneficios de compartir un puesto de trabajo, especialmente en estos tiempos cuando los medios de comunicación nos narran esas historias casi devocionales de los hombres de negocios que comenzaron sin nada y consiguieron el éxito sin ayuda de nadie.

La primera tentación es, entonces, demostrar al mundo lo que podemos hacer y al final, sumar otra historia de triunfo a la larga cola de fantasías que se pueden ver en los cines.

Pero al terminar el primer día de nuestra marcha triunfal sabremos que el mundo no está preparado para entregarse tan fácilmente.

Los medios no muestran lo que exige el mercado de trabajo: disminuir costos y maximizar beneficios, no dicen que como mano de obra debemos ser jóvenes y experimentados, sumisos y ordenados, graduados y dispuestos a recibir salarios bajos y acordes a los tiempos.

Nada dicen los medios sobre el arte de sobrevivir a la globalización del capital, a la desventaja de la ley de herencias, a la flexibilización laboral y los mecanismos de exclusión.

Pero hay otros medios, con historias sin tanto glamour, pero más belleza, esas que se refieren a los logros de hombres y mujeres que transforman el mundo todos los días. A veces, con grandes cambios y otras con soluciones apenas perceptibles.

Todo empieza de manera simple, de repente encontramos una respuesta para lo que necesitamos en un viejo compañero de la escuela de periodismo. Una opinión suya y una idea hacen nacer un proyecto. Así empieza.

La historia reciente ha demostrado que las nuevas generaciones de jóvenes han transformado las comunicaciones, la educación, las nuevas tecnologías, incluso los negocios. Todo gracias a aprender unos de otros y a la experiencia acumulada de personas en todo el mundo. Así es la experiencia con las cooperativas, parecida a lo que ha ocurrido con Linux, un poco menos publicitada, pero similar.

Nosotros vivimos en Argentina, un país que ha sufrido una gran inestabilidad en los últimos cien años: gobiernos democráticos derrocados por dictaduras, guerras y nuevas elecciones que daban paso a gobiernos que sobrevivían hasta que los poderes dominantes decidieran darles fin. Desde 1983 hemos sido capaces de vivir en democracia, una condición esencial para desarrollar cualquier proyecto de cooperación. Para nosotros, la experiencia de las cooperativas no sólo tiene importancia como proyectos piloto, también como herramientas que nos permiten defender nuestro trabajo y el futuro. Esa es una de las mejores razones para acercarse a las cooperativas, la posibilidad de construir colectivamente un proyecto que genere puestos de trabajo, ingresos genuinos y alternativas en diferentes campos: cultura, comunicación, emprendimientos sociales y económicos. Una organización donde cada socio tiene voz y voto, en las que el trabajo da derecho. Donde la experiencia acumulada puede transmitirse y perfeccionarse, modificarse según las necesidades de los trabajadores, que desde el comienzo se convierten en propietarios de sus medios y responsables de sus decisiones. Es una figura que nos permite recibir los beneficios de su rentabilidad y de sus logros. Pero no siempre. También nos hace responsables de los fracasos, de las largas horas de debates muchas veces amargas y difíciles.

Lo mejor de las construcciones colectivas es que todos pueden opinar. Lo peor de las construcciones colectivas ¡es que todo el mundo puede opinar!  Se trata de un trabajo delicado, a veces lento, a veces doloroso, pero que siempre avanza. El resultado es un movimiento genuino que ha enriquecido nuestra vidas en muchos niveles: profesional, cultural y políticamente.

En nuestro caso todo comenzó en el verano de 1986 cuando diez periodistas menores de treinta años crearon la Cooperativa de Trabajo para la Comunicación Social. Lo original fue elegir esa forma de gestión.

De allí salió el periódico La Calle, luego FM En Tránsito y la revista Güarnin! En mitad de los partos de hijos y proyectos nos echaron de una radio, de una oficina y de varios laburos.

En veinte años dejamos varias vidas, algunos amigos y aprendimos que las utopías se construyen con ladrillos, clavos y, claro, también de lo otro. Por eso seguimos, nos dividimos, enrumbamos, peleamos, nos encontramos, renunciamos, volvimos, nos cerraron, abrimos, se cayeron antenas, techos y pautas, pero una nueva generación de socios hace posible mantener el debate sobre las comunicaciones alternativas, la gerencia eficiente, la importancia del compromiso, la responsabilidad en el laburo colectivo y demuestra que los medios independientes son posibles.

Queríamos una organización que nos liberara... de los palos, la pobreza, la ignorancia, la muerte, el miedo, la tristeza y el olvido.

Entre todos alquilamos una casa, armamos una redacción, un estudio y abrimos las puertas.

Todos comenzaron a venir: vecinos, políticos, poetas y músicos. Usamos horas infinitas de la mañana y de la noche hablando sobre los que pasaba en nuestra ciudad. Hubo debates, discusiones y algunas respuestas sobre cloacas, colectivos y colegios. Pero también usamos toda la curiosidad de la banda en una búsqueda estética, mezclamos a los diferentes músicos, letras, colores y pasó lo que tenía que pasar. En esa explosión cada uno encontró su voz.

Desde entonces hemos estado trabajando en el desarrollo de nuevas reglas de comunicación. Queremos una cooperativa capaz de formar sujetos con pensamiento solidario orientado a transformar la realidad y por ende nuestra sociedad.

Hoy el promedio de edad de los socios es de 31 años aproximadamente, por eso, en distinta medida y forma, para cada uno de los que trabajan en este proyecto la cooperativa es o fue un punto de inflexión en su vida personal o profesional: como disparador de nuevas fuentes de trabajo; espacio de capacitación y perfeccionamiento profesional.

En el caso de muchos de los jóvenes que se acercaron a este proyecto, su interés estaba centrado en aprender cómo se hace radio y cómo se hace “nuestra” radio todos los días. Al mismo tiempo, los llamados telefónicos, las impresoras gastadas y chirriantes, el back informativo, la mirada política y el empacharse de realidad –que a veces duele-, generaron un cambio en la forma de ver el mundo y de comunicarse.

Hablamos de solidaridad, de respeto, de distribución equitativa, de revalorizar los esfuerzos compartidos. Fomentamos la responsabilidad social a la hora de producir insumos culturales, desde allí provocamos curiosidad y necesidad de generar los cambios que necesitamos en nuestra sociedad. Utilizamos distintos dispositivos comunicacionales para tratar de generar un análisis crítico que contribuya a la construcción de identidad: la música, las artes, la capacitación, la resignificación de la palabra, el sonido y el silencio. Por supuesto nos guía la defensa de los derechos humanos y el reclamo latente ante la injusticia y la impunidad, por eso participamos en la escena política y social.

Para nosotros es una escuela de vida, porque tanto en FM En Tránsito como en la Revista Güarnin! todos aprendimos a que las ideas se ponen en discusión y se someten a votación, tratando de lograr un consenso de los distintos puntos de vista, que generalmente arrojan resultados positivos de entendimiento y desarrollo individual y colectivo. También aprendimos que en una cooperativa de trabajo una mujer es un voto y un hombre es un voto, y que la autogestión de un proyecto siempre es difícil, pero no imposible, si existe la convicción y el esfuerzo de querer hacerlo y de sostener un desafío que en sus mañanas más apacibles se parece a un sueño.

La construcción colectiva es un tesoro que se descubre con la práctica y que está basada en el esfuerzo, el tiempo, la dedicación, la comprensión, al apoyo mutuo, la confianza y la “prepotencia de trabajo”.

Para quienes nunca se desarrollaron bajo ese concepto, la construcción colectiva puede parecer lenta y por momentos desgastante, aunque siempre es positiva. Por eso es indispensable entender que para incidir y transformar las cosas, es necesario construir con otros actores. Porque la lucha colectiva es más fuerte e inteligente que la pelea individual.

En el nuevo mundo que se abrió para los jóvenes que ingresamos a la radio y a la revista, descubrimos que existen otras formas de hablar de política y economía, por ejemplo, que exigen mayor equidad y compromiso solidario. Aprendimos a interesarnos en otros temas, no solamente en presentar una buena canción o escribir un buen informe o una investigación.

También nos asomamos al universo frío y complejo de los números y la administración, más aburridos y menos explosivos que gritarle al micrófono, pero tan útiles e importantes como las reglas del diseño o la edición de sonidos.

La Cooperativa, entre otras cosas, supo enseñarnos que, a través de los medios, se puede naturalizar la desigualdad o denunciarla, y que esa decisión depende de nosotros, las mujeres y los hombres que trabajamos en el campo de la comunicación. Que podemos legitimar a las pocas voces dominantes o luchar por la apertura de los espacios, la diversidad de las propuestas y la pluralidad de las voces. A sabiendas de que si uno elige la segunda opción, el camino es más arduo, pero se disfruta más.

Cada mañana, tarde o noche es parte del aprendizaje. Porque los más experimentados enseñan a los más nuevos y los más nuevos a los más viejos, abstrayéndonos por un segundo y contemplando la fortuna de aprender un poco más y de todos nuestros compañeros, una palabra nueva. Porque el saber se retroalimenta y no conoce de edades, raza, religión o condición socioeconómica.

Para muchos, la cooperativa fue, es y será como la otra escuela: la que se sale del sistema bancario y no requiere cartucheras ni lápices.

Gran parte de los actores y protagonistas de nuestra cultura local de una manera u otra, encuentran en la radio y en la revista un norte regional donde comunicar y difundir su obra. Pero no sólo eso, para que sus proyectos y los nuestros tomen forma y se consoliden, aún rescatamos un valor que hoy cotiza por su escasez: la confianza mutua. Que no aparece con el primer rayo de la mañana ni se encuentra en el subte, se construye.

 

Creator - Author(s) Name and Title(s): 
Alejandro Wassileff
Liliana Belforte
Daniel Jiménez
Romina Coluccio
Publication Information: 
Youth Reinventing Co-operatives Volume 2
Date: 
Thursday, January 1, 2009

Ubicación

Argentina